Vino y sentido común: sense and sensibility

 

Recuperando el título de la novela de Jane Austen, queremos insistir hoy sobre la necesidad imperiosa de sentido que es indispensable introducir en el mundo del vino.

 

 

 

¿Se ponen las autoridades competentes en cada país en la piel del consumidor? No, desde luego. Todo lo contrario. Multiplican las Denominaciones de Origen y homologan cada año vinos que no merecen llevar el nombre de la denominación a la que pertenecen. Resultado obvio: crean una confusión inconmensurable en la cabeza del consumidor y además lo defraudan, dejando pasar vinos sin la calidad mínima requerida. En resumen: un pequeño desastre. ¿Es el único? Desafortunadamente, no. Incluso dentro de la misma denominación de origen, coexisten vinos industriales, destinados a la moderna distribución comercial (supermercados e hipermercados) con vinos artesanales, hechos con cariño y un respeto extremo de la uva y del terruño. ¿Nos paramos aquí? Tampoco. Los diferentes canales no contribuyen a solucionarle la papeleta al consumidor que necesita escoger un vino. En el supermercado, no hay explicación alguna sobre los vinos – sin olvidar que tampoco hay nadie para aconsejarle – y en el restaurante, no sólo los precios son prohibitivos, sino que el personal generalmente no está cualificado para dar buenos consejos.

Y sin embargo, este consejo es indispensable. Pongámonos un momento en la piel de un neófito. Digamos que ya sabe si quiere un blanco o un tinto, en este caso quiere probar un tinto. Estas las numerosas preguntas a las que tiene que hacer frente:

1. ¿Cuál es mi ocasión de consuno – en otras palabras: por qué necesito un vino en este momento?

2. ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar?

3. ¿Qué estilo de vino me apetece?

4. ¿Qué variedad de uva me apetece – a mi y al resto de comensales?

5. Una vez decidido el tipo de uva, ¿de qué zona la escojo?

6. Dentro de un rango de precio, de un varietal y de una zona determinados, ¿qué añada es la más adecuada?

7. Ya puestos, ¿qué bodeguero es el mejor?

8. ¿Es el vino ecológico o biodinámico?

9. ¿Tiene el vino puntos Paker, o Peñín, o los que sean?

10. ¿Cómo lo tengo que servir: temperatura, tipo de copa, …?

Ante semejante esfuerzo, más de uno pensará: pues una cerveza irá la mar de bien o: déme usted un zumito, que me sentará de maravilla. Pues menudo follón, ¿o no?

A raíz de estas cuantas reflexiones, parece importante que los productores y vendedores introduzcan un poco de cordura y de sensibilidad en su trabajo de todos los días y piensen un poco más en el consumidor final, reinventando el etiquetado y el packaging, la información en el punto de venta, la manera de clasificar y presentar físicamente los vinos, volviendo a pensar el rol de la carta de vinos en un restaurante, … Y todo esto, sin mencionar siquiera el esfuerzo diario requerido por los profesionales del sector por estar al día, conocer las novedades de las bodegas – aunque solo sean las nacionales.

Lo dicho: sense and sensibility, para llegar al corazón de las preocupaciones del cliente final, quien tiene la última palabra y en definitiva da de comer a todos. Y como dirían los profesionales de la carretera: un poquito de por favor no estropea nada. Todo lo contrario.