Kirk Douglas: ¡A tu salud, Espartaco!

A nivel mundial, es el último gigante de la edad del oro del cine americano. Y es que, según el registro civil, Yssur Danielovitch, también conocido como Kirk Douglas, tiene más de un siglo de existencia. Para los amantes del séptimo arte, su filmografía está salpicada de obras maestras. Destacó en Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, Espartaco, del mismo director, y El loco del pelo rojo, de Vicente Minnelli.

Tres películas que son tres auténticas joyas. Su nombre también figura en los créditos de decenas de películas, entre ellas, Veinte mil leguas de viaje submarino, ¿Arde París?, Duelo de titanes o Siete días de mayo. Pero antes de conocer el éxito, este hijo de un trapero ruso analfabeto sufrió bastantes penurias. Sin embargo, esto no ha impedido al hombre del hoyuelo apreciar las cosas buenas.

 

Un día declaró en la cadena ABC, en el programa 20/20 de Barbra Walters, que «solamente le habían gustado 22 películas de las 80 y tantas» que ha rodado. No voy a pedirle que nombres las 22... ¡Pero sí al menos la que esté a la cabeza de esta lista! 

Sin dudarlo: Lonely are the brave (Los valientes andan solos). A diferencia de Espartaco o Los vikingos, no era una película con un gran presupuesto. Encarnaba a un vaquero adelantado para su tiempo.  Rodamos esta película en las montañas, a 3300 metros de altitud en pleno mes de mayo. A pesar de la estación, nos enfrentamos a la nieve, a ventiscas y a una infinidad de problemas. Por culpa de la falta de oxígeno, por ejemplo, ¡la gente caía como moscas!

Mirando atrás, creo que la mejor relación que tuve durante el rodaje fue con mi caballo. Al menos él no hablaba, no se quejaba y no protestaba. Normal: ¡seguro que no sabía que yo era el director! Para levantarle la moral al personal, recuerdo que le pedí a mi equipo que nos consiguieran una caja de Château Pétrus en el campamento. Ya no recuerdo por qué, ¡pero el vino se quedó fuera toda una noche, a unas temperaturas para nada recomendables! Haría unos -10 ºC. Un cámara creyó haber encontrado una solución para que pudiéramos tomárnoslo: puso las botellas al baño maría. Pero fue inútil: ¡el vino tenía un sabor raro! ¡Pueden imaginarse la frustración!

 

Para Kirk Douglas, ¿cuál es la definición de una estrella? 

Para mí, una estrella no se mide en una sola película, ¡sino en toda una carrera! Una estrella también se evalúa en la vida. No se trata de brillar únicamente en una película, ser una estrella también es brillar en el día a día por su amabilidad y generosidad. Tu pregunta me recuerda una anécdota, que tuvo lugar hace unos años, en París, en el plató del programa francés Apostrophes.

A petición de Bernard Pivot, había ido a promocionar mi libro El hijo del trapero. En esta gran emisión literaria, también se encontraba un tal Jacques Séguéla, publicista de oficio. Durante la emisión, este tipo bastante raro nos dijo su definición de lo que era una estrella. Para mi gran desconcierto, no sabía absolutamente nada. ¿Cómo alguien como él podía ser tan arrogante? ¿Afirmar esas inexactitudes sobre este universo que conozco tan bien y él tan mal? Y entonces le dije: «Pero, ¿quién eres tú para decidir quién es una estrella y quién no?». Sin embargo, lo olvidé muy rápido porque, poco después, fui a un buen restaurante en París.

Todavía me acuerdo de la sopa de champiñones que pedí y también de la carta de vinos. El sumiller, que era un hombre encantador y erudito, me hablaba de los grandes vinos con un amor y una teatralidad, ¡que teníamos la impresión de que las botellas que nos proponía eran todas mujeres con las que había compartido su vida! Sinceramente, me bebía estas palabras incluso antes de probar lo que me ponía en la copa. Y no solo te hablaba del vino, sino también de quién lo había elaborado, las especificidades del viñedo, su zona geográfica, etc. Este erudito incluso llegó a enunciarnos las fechas más importantes de la Historia de Francia a través de los vinos de la carta. Y entonces me dije: «¡Como siga así, voy a volver muy tarde a mi habitación del hotel si su colega que sirve los quesos es tan culto e incansable como él!».

 

¿En qué momento de su vida pudo formarse el paladar? ¡Pasar de aficionado a conocedor! 

Al tener contacto con personas como Francis Coppola, Stanley Kubrick, Burt Lancaster o incluso Ronald Reagan. Todas las personas a las que acabo de nombrar eran, o todavía son, ya que Francis sigue estando entre nosotros, grandes epicúreos. Burt, que era un muy buen amigo mío, casi un hermano para mí, no podía concebir una comida sin una botella de Burdeos en la mesa. Aquello le costaba una fortuna, pero le daba igual.  

¡Siempre tenía ganas de compartir con los demás sus conocimientos sobre vino! Unos conocimientos que había adquirido durante sus viajes y rodajes. Todavía parece que lo escucho hablar de las comidas que le servían en el set de El gatopardo, de Visconti. Desde que empezaba a hablar del Palacio Gangi, en Palermo, donde se rodó esta gran obra, no había quien lo parara. Parece ser que, en cada comida, le servían vinos locales que le permitían encontrar la inspiración. Y lo creo de veras, ¡pues estuvo magistral en esta obra maestra!

 

Entrevista recogida por Frank Rousseau, nuestro corresponsal en Estados Unidos

04/2018