Cata en Bodegas Muga: una gama excepcional en calidad y coherencia

En el curso de nuestra visita, hemos tenido la inmensa suerte de poder catar todos los vinos representativos de la gama, e incluso de viajar en el tiempo con un estupendo Prado Enea 1973, que tras el mítico 1970, ha sido una añada un tanto olvidada, pero de calidad excepcional.

 

De manera general, todos los vinos traducen la maravillosa filosofía de la bodega: un cuidado extremo a todos los detalles y una obsesión por la búsqueda de la perfección. Prueba de ello es la madera siempre discreta y elegante, que acompaña y resalta las mejores características de los vinos, dando a cada uno un toque específico: en efecto, el tipo de madera se adapta lo más posible no sólo a la estructura del vino, sino también a las particularidades de la añada y de su complexión.

 

En resumen, se puede hablar de una gama completa, perfectamente estructurada y lista para adaptarse a todo tipo de circunstancias, desde un aperitivo con un blanco o un cava, hasta la sobremesa, con vinos como el Prado Enea 1973, que acompañan la meditación sobre el tiempo que transcurre y la importancia del trabajo de los hombres comprometidos con la calidad.

 

 

Muga blanco 2011. Viura, malvasía, garnacha blanca.

 

Amarillo pálido, brillante.

En nariz, destacan la fruta de hueso (melocotón maduro) y los cítricos, con una madera fina bien integrada y una punta de pimienta blanca discreta.

La boca es equilibrada, fresca, con un paso envolvente. Muy vivo y alegre.

Perfecto con unos espárragos simplemente hervidos.

 

 

 

Muga rosado 2011.

 

Color salmón pálido.

Alía notas de fruta de hueso (melocotón) con las de bosque (fresa) y cítricos, a las que se añaden un toque vegetal (almendra fresca) y una punta de pimienta blanca.

En boca, una equilibrada acidez aporta frescor.

Ideal como aperitivo o con unas verduras salteadas.

 

 

 

Selección especial 2006.

Color picota, brillante.

Nariz compleja de frutos negros (cassis), pimienta, café, ahumados, caja de puros con una nota terrosa.

La boca es elegante, con taninos carnosos y una muy buena acidez. La final es larga y el potencial de evolución es importante.

Con un estofado de cordero.

 

Prado Enea 2004.

 

Color picota, con ribetes teja.

La nariz ofrece muchas capas, que se desvelan conforme se va aireando el vino: tinta china, pimienta negra, recuerdo a caja de puros, ahumados, carne roja y frutos de bosque, café, …

En boca, la misma complejidad está presente, con una buena estructura que augura un gran potencial de evolución. Destacan la madera fina, la carne roja con unos taninos voluptuosos.

Con un pato o una oca asados.

 

 

Torre Muga 2006.

 

Color granate, brillante.

Como en el Prado Enea, la nariz es compleja y elegante, revelando muchos matices a medida que pasan los minutos: frutos negros (mora, cassis), aceituna negra, tinta china, carne roja, pimienta negra, café, …

En boca es potente, estructurado, con una madera fina y una buna acidez que estructura el conjunto. También un vino de largo recorrido.

Perfecto con caza mayor: un solomillo de corzo en su punto es un acompañante ideal.

 

 

Aro 2006.

 

Color granate brillante, de capa alta.

Muy afrutado en nariz (frutillos de bosque), con taninos carnosos y un gran potencial de evolución.

 

 

Aro 2009. Blend de 20% tempranillo, 30% mazuelo, con viejas garnachas y Maturana.

 

Fermentado en tinas de madera de 500 litros.

Evoca el yogurt de mora en boca.

 

 

Torre Muga 2009.

 

Color granate intenso.

En nariz es goloso, carnoso, con notas de pimienta negra, frutos negros, tinta china, aceituna negra, ciruela negra, ahumados, con recuerdos a puro.

En boca los taninos son suaves, carnosos. La buena acidez le dará un gran recorrido a este vino.

 

 

Cava. Viura 100%.

En nariz, toques cítricos y minerales.

En boca, la burbuja es cremosa, con una viva acidez y un perfecto equilibrio general. En cata a ciegas, puede pasar por un Champagne de pequeño productor. Muy bien elaborado y seductor.

 

 

Prado Enea 1973.

Contiene viura.

Color caoba pálido, de capa muy baja, con toques teja.

La nariz evoca el café, la madera pulida. Muy maduro y evolucionado.

Terroso en boca, con evocaciones a hinojo, granos de café, tinta china. Muy sutil y elegante.

Un vino para la meditación.