Bodegas Muga, tradición familiar

 

Van pasando los años, pero la historia de la familia Muga sigue viva. Sus nuevas generaciones mantienen su tradición bodeguera, que unida a su visión de futuro definen una personalidad propia, un sello familiar que transmiten en sus vinos.

 

Jorge Muga, Director Técnico de Bodegas Muga, y tercera generación en el negocio, nos abre las puertas al pasado, envolviéndonos en su historia familiar y llevándonos a sus orígenes, en 1932.

 

Jorge Muga, enólogo de la bodega.

 

Mientras paseamos entre los tinos de madera, disfrutando del aroma a roble y vino, nos cuenta cómo sus abuelos, Isaac y Aurora, emprendieron el negocio familiar en una pequeña bodega, dentro del casco urbano de Haro. Fusionando el saber hacer de cada uno (Isaac provenía de una familia de viticultores y Aurora de bodegueros) y atendiendo la demanda del mercado de La Rioja Alta de aquella época, pudieron instalarse en el Barrio de la Estación, donde poco a poco, y al compás de sus posibilidades, fueron construyendo con sus manos y su esfuerzo Bodegas Muga.

 

Sus métodos de trabajo en bodega poco han cambiado, ya que igual que sus abuelos, continúan realizando la elaboración, crianza y almacenaje en madera de roble, ya sea en tinas o barricas. Se trasiega sin bombas, sólo por gravedad, sin mover la barrica, y a la luz de la vela para que el operario pueda ir vigilando la limpidez del vino. Se clarifica con huevos, separando las yemas, para realizar el tratamiento con sus claras frescas. Los métodos tradicionales están muy presentes, les sigue dando muy buenos resultados, y con ello marcan la diferencia con sus procesos de elaboración.

 

Uso de clara de huevo para limpiar los vinos antes del embotellado.

 

Tienen algo que pocas bodegas pueden permitirse, su propia tonelería artesana. Es un lujo y un gran acierto, ya que controlan la procedencia y calidad de las maderas de roble americano y francés que compran. Ellos mismos construyen sus tinos y barricas, según sus necesidades. Observamos como la tradición sigue plasmándose en cada rincón de la bodega, ya que los que hoy dan forma a la madera, aprendieron de sus antepasados, y a día de hoy continúan transmitiéndose sus conocimientos y saber hacer, de los mayores a los más jóvenes. Como veis la tradición es su modo de vida.

 

Igual que su abuelo Isaac le daba importancia al viñedo, lo siguen haciendo a día de hoy, pero sumándolo a los nuevos conocimientos, siendo prácticamente ecológicos, controlando planta a planta, con el objetivo de buscar el máximo potencial de cada uva. Tradición y modernidad se unen para cultivar la variedad autóctona Tempranilllo (base de sus vinos tintos), y sus variedades complementarias Graciano, Mazuelo y Garnacha, así como sus variedades blancas Viura y Malvasía.

 

El trabajo era importante entonces, y lo sigue siendo ahora, ya que sin el esfuerzo y el tesón de esta familia habría sido imposible que hubiesen llegado al posicionamiento que hoy tienen en el mercado, presentes en más de 50 países. No en vano, tienen por ejemplo el honor de ser la bodega española más prestigiosa y respetada en EEUU.

 

Generación tras generación han conseguido fusionar la tradición y el saber hacer con los nuevos tiempos. Sin olvidar de donde vienen, continúan su camino aprendiendo de sus errores para así poder seguir mejorándo día a día.

 

 

Ana Carazo